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Ruta por el románico en la provincia de Girona

La provincia de Girona ocupa un lugar esencial dentro del románico catalán y, por extensión, del románico peninsular. Pocas regiones concentran, en un territorio relativamente reducido, una variedad tan amplia de iglesias, monasterios y edificios civiles románicos, integrados además en algunos de los paisajes más bellos del nordeste de la Península Ibérica.

Desde la capital, Girona, hasta los valles pirenaicos del Ripollès y la Cerdanya, pasando por el Empordà y la Garrotxa, el románico gerundense se manifiesta de formas muy diversas: desde grandes monasterios vinculados al poder político y cultural de la Cataluña medieval hasta pequeñas iglesias rurales de una sola nave, levantadas con una austeridad que hoy sigue impresionando.

Girona capital: románico urbano y memoria medieval

A diferencia de otras ciudades que han borrado gran parte de su pasado medieval, Girona conserva aún un tejido urbano donde el románico sigue presente de forma visible.

La Catedral de Santa María de Girona

El solar de la actual catedral fue ocupado sucesivamente por un templo visigótico, otro prerrománico y, ya en el siglo XI, por una importante construcción románica. Aunque la imponente nave gótica terminó por transformar el edificio, el románico permanece en elementos clave.

El claustro, fechado en la segunda mitad del siglo XII, es uno de los más interesantes de Cataluña. Su planta irregular y la riqueza escultórica de capiteles y frisos lo convierten en una auténtica lección de iconografía románica. Resulta especialmente llamativa la presencia de escenas relacionadas con el trabajo de los propios canteros, un tema poco frecuente y de gran valor documental.

De época románica es también la conocida Torre de Carlomagno, un campanario lombardo reutilizado posteriormente como contrafuerte de la nave gótica.

Sant Pere de Galligants

El monasterio de Sant Pere de Galligants, obra del siglo XII, es uno de los grandes monumentos románicos de Girona. La iglesia presenta tres naves, cabecera compleja y una elegante portada de arquivoltas de medio punto. Destaca su torre ochavada con vanos geminados, un elemento singular dentro del románico catalán.

Adosado al costado meridional se conserva un pequeño pero exquisito claustro. Entre sus capiteles sobresalen las célebres sirenas de doble cola, motivo habitual del bestiario románico, cargado de simbolismo moral y espiritual.

Sant Nicolau y los Baños Árabes

Muy cerca de Galligants se encuentra la iglesia de Sant Nicolau, probablemente vinculada en origen a funciones funerarias, y uno de los ejemplos más puros de románico sencillo en la ciudad.

Por su parte, los llamados Baños Árabes, construidos en 1194, constituyen una de las escasas muestras de románico civil conservadas en España. Aunque imitan la estructura de los baños musulmanes, se trata de un edificio cristiano, perfectamente integrado en la arquitectura románica urbana.

El Ripollès: cuna del románico catalán

La comarca del Ripollès ocupa un lugar central en la historia del románico catalán. Aquí se desarrollaron algunos de los principales focos monásticos de la Edad Media.

Santa María de Ripoll

El Monasterio de Santa María de Ripoll, fundado en el año 888 por Wifredo el Velloso, fue durante siglos uno de los grandes centros espirituales y culturales de Cataluña. Bajo el impulso del abad Oliba, en el siglo XI, se convirtió en un complejo monumental de enorme ambición arquitectónica.

Aunque las reconstrucciones modernas han alterado su fisonomía original, se conserva una de las joyas del románico europeo: el pórtico escultórico, con sus frisos historiados dedicados a escenas bíblicas y su monumental Pantocrátor.

Sant Joan de les Abadesses y Beget

Muy cerca, Sant Joan de les Abadesses conserva una iglesia románica de gran interés, así como el famoso grupo escultórico del Descendimiento, una de las obras más destacadas del románico catalán tardío.

En el extremo más montañoso, la iglesia de Sant Cristòfol de Beget, perfectamente integrada en el paisaje pirenaico, representa el ideal de templo románico rural: proporciones equilibradas, portada sobria y un magnífico Cristo en Majestad de madera policromada conservado en su interior.

La Garrotxa y Besalú: románico y ciudad medieval

La Garrotxa combina paisaje volcánico y patrimonio medieval. Su principal referente es Besalú, uno de los conjuntos históricos mejor conservados de Cataluña.

El famoso puente románico sobre el río Fluvià es solo la puerta de entrada a un conjunto donde destacan el monasterio de Sant Pere, la iglesia de Sant Vicenç, restos del hospital medieval y el notable mikvé judío, uno de los pocos baños rituales hebreos conservados de época románica.

El Empordà: austeridad lombarda y simbolismo maduro

Baix Empordà

El románico del Baix Empordà se caracteriza por su sencillez constructiva y por la pervivencia de formas lombardas. Iglesias como Sant Miquel de Cruïlles, Sant Pau de Fontclara, Sant Julià de Boada o Sant Pere d’Ullastret muestran una arquitectura sobria, con escasa escultura monumental pero una fuerte presencia simbólica, especialmente en la pintura mural conservada.

Alt Empordà

En el Alt Empordà el románico alcanza una mayor complejidad y riqueza iconográfica. El gran protagonista es el Monasterio de Sant Pere de Rodes, una de las construcciones más singulares del románico europeo. Su iglesia, consagrada en 1022, presenta una estructura excepcional, con deambulatorio, cripta y una monumentalidad poco habitual en su época.

Otros conjuntos destacados son el claustro de Sant Domènec de Peralada, el monasterio de Sant Miquel de Fluvià y la iglesia de Sant Tomàs de Fluvià, célebre por sus pinturas murales.

La Cerdanya gerundense: románico pirenaico y pintura mural

En la Baixa Cerdanya encontramos un románico marcado por la montaña, las reconstrucciones tras las incursiones cátaras y una extraordinaria riqueza en pintura sobre muro y sobre madera.

Iglesias como Santa María de Talló, conocida como “la catedral de la Cerdanya”, Sant Esteve de Guils, Santa Eugenia de la Saga, Sant Pere d’Olopte o Santa Cecilia de Bolvir conservan magníficos ejemplos de arquitectura lombarda y una importante producción pictórica, hoy en gran parte depositada en museos como el MNAC.

Un románico inseparable del paisaje

El románico de Girona no se entiende sin su entorno. Iglesias solitarias entre bosques, monasterios dominando valles y templos integrados en pequeñas aldeas forman parte de una misma experiencia: la de un arte pensado para dialogar con el territorio y con la vida cotidiana de quienes lo habitaron.

Más que un estilo artístico, el románico gerundense es una forma de mirar el mundo: sobria, simbólica y profundamente enraizada en la piedra y el paisaje.